Las enfermedades renales, tanto crónicas como agudas, representan un importante desafío clínico debido a su impacto en la homeostasis del organismo y la alteración del metabolismo de fármacos. Los pacientes con enfermedad renal crónica (ERC) presentan una disminución progresiva de la función renal, lo que compromete la eliminación de toxinas y fármacos, aumentando el riesgo de toxicidad y efectos adversos.
La inmunosupresión asociada a la insuficiencia renal, sumada a la presencia de comorbilidades como diabetes, hipertensión y enfermedad cardiovascular, convierte a los nefrópatas en un grupo altamente vulnerable a infecciones bacterianas y virales. Además, la hemodiálisis y otros procedimientos invasivos aumentan el riesgo de infecciones nosocomiales y sepsis.
El manejo de antimicrobianos en estos pacientes debe considerar ajustes de dosis según el grado de insuficiencia renal, la selección de fármacos con menor potencial nefrotóxico y la monitorización estricta de efectos adversos. Estrategias como la vacunación, el control riguroso de la presión arterial y el seguimiento metabólico son clave para reducir el riesgo de complicaciones en esta población vulnerable.
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