Las personas institucionalizadas, ya sea en residencias de ancianos, centros psiquiátricos o unidades de rehabilitación, constituyen un grupo especialmente vulnerable debido a la combinación de envejecimiento, comorbilidades, dependencia funcional, inmunosenescencia y alta exposición a entornos de atención colectiva. Esta población presenta un riesgo aumentado de infecciones respiratorias, urinarias y de piel y tejidos blandos, además de una mayor susceptibilidad a brotes nosocomiales y patógenos multirresistentes.
El uso frecuente e indiscriminado de antibióticos en estos entornos contribuye al desarrollo de resistencia antimicrobiana, lo que complica el manejo de infecciones y aumenta la morbilidad y mortalidad. Además, la presencia de dispositivos invasivos (sondas urinarias, catéteres venosos, traqueostomías) y el contacto cercano entre residentes favorecen la transmisión de patógenos como Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa y Clostridioides difficile.
El abordaje de este grupo requiere protocolos estrictos de control de infecciones, optimización del uso de antimicrobianos bajo programas de administración (AMS), vacunación sistemática y monitorización activa de brotes. La detección precoz y el manejo adecuado de infecciones en pacientes institucionalizados son clave para reducir complicaciones y mejorar la calidad de vida en esta población vulnerable.
El entorno de atención colectiva incrementa el riesgo de infecciones y brotes nosocomiales.
Programas de optimización (AMS) para reducir el uso inadecuado de antibióticos.
Inmunización sistemática para prevenir brotes en residencias y centros de larga estancia.
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