El tabaquismo es un factor de riesgo bien establecido para infecciones respiratorias, debido a su impacto negativo sobre la inmunidad innata y adaptativa, la alteración del aclaramiento mucociliar y el daño en el epitelio pulmonar. Los fumadores tienen una mayor susceptibilidad a neumonía, bronquitis crónica, exacerbaciones de EPOC, tuberculosis e infecciones por Streptococcus pneumoniae y Haemophilus influenzae. Además, presentan un mayor riesgo de infecciones graves por virus respiratorios como la influenza y el SARS-CoV-2.
El tabaquismo también influye en la respuesta a los antimicrobianos, pudiendo aumentar la resistencia bacteriana en infecciones crónicas y afectar la eficacia de ciertos tratamientos. Además, la combinación de tabaco y algunos antibióticos, como macrólidos y fluoroquinolonas, puede aumentar el riesgo de efectos adversos cardiovasculares, como la prolongación del intervalo QT.
El manejo de infecciones en fumadores debe incluir estrategias preventivas como la vacunación (antineumocócica, antigripal y COVID-19), educación sobre el cese del tabaquismo, monitoreo estrecho de la función pulmonar y una selección cuidadosa de antibióticos para minimizar interacciones y efectos adversos. Reducir la exposición al tabaco es clave para mejorar la respuesta inmune y disminuir la frecuencia de infecciones en esta población vulnerable.
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