El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias caracterizada por hiperreactividad bronquial, obstrucción variable del flujo aéreo y episodios recurrentes de disnea, sibilancias y tos. Su etiología es multifactorial, combinando factores genéticos y ambientales, como la exposición a alérgenos, contaminantes y agentes infecciosos.
Los pacientes asmáticos presentan una mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias bacterianas y virales, que pueden desencadenar exacerbaciones agudas, aumentando el riesgo de hospitalización y deterioro de la función pulmonar. La inflamación crónica, la disfunción del epitelio respiratorio y el uso frecuente de corticosteroides inhalados o sistémicos pueden alterar la respuesta inmunitaria innata y adaptativa, favoreciendo infecciones más graves y prolongadas.
Además, el manejo inadecuado del asma, la falta de adherencia al tratamiento y la coexistencia de comorbilidades como obesidad o rinitis alérgica, agravan la vulnerabilidad de estos pacientes, subrayando la necesidad de un control estricto de la enfermedad y estrategias preventivas eficaces, como la vacunación y la optimización del tratamiento antiinflamatorio.
El manejo del asma requiere un abordaje multidisciplinario para reducir exacerbaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Uso racional para evitar sobretratamiento en infecciones virales y reducir el impacto en la microbiota respiratoria.
Priorizar la vacunación antigripal y antineumocócica para prevenir infecciones respiratorias graves.
Identificación temprana de infecciones desencadenantes mediante pruebas microbiológicas y biomarcadores inflamatorios.
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